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Flujos políticos del siglo 21


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Las disputas por el chavismo: la constituyente y el Chavismo Bravío

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El legado de Chávez es un gran botín simbólico, una idea potente, una ética, una estética, una forma de gobernar, una cultura. Y justo por eso su fuerza tiene un potencial de grandes proporciones: con esa idea podemos hacer y es gracias a esa idea que podemos pensar en un futuro alterno a la miseria y desolación que ofrecen las ideas capitalistas. Pero Chávez no sólo legó ideas, legó poder real, aparatos políticos, recursos, fuerzas operativas que desarrollan esa idea en una dirección o en otra.

El uso que se haga de toda esa fuerza simbólica y operativa legada por Chávez acabará o multiplicará este botín. En torno a si acabamos o multiplicamos el legado – Chávez se gesta el más decisivo conflicto a lo interno de las fuerzas y sujetos que componen el chavismo y hacia fuera, con sus adversarios políticos y de clase: ¿quién se queda con el Chavismo? ¿qué del chavismo se queda? Y dependiendo de lo que quede ¿cómo esto transformará la sociedad venezolana?

El Chavismo se lo quieren quedar todos. El “Chavismo disidente” por un lado, por otro la cooptación de la Fiscal General de la República y su discurso chavista por parte de la derecha, y la centralidad de una agenda de “justicia social” y combate a la pobreza del “Acuerdo de Gobernabilidad” de la MUD, no hablan sino de la necesidad de cualquier fuerza de beber del legado Chávez para poder sobrevivir en un país cuya subjetividad política está profundamente marcada por sus ideas. En el frente interno, las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se abren como el escenario medular de las disputas por el Chavismo.

La no participación de fuerzas adversas al Chavismo en esta contienda, configura un dispositivo político que permitirá definir por la vía de los hechos la dirección del Chavismo por algunos años. De allí, que veamos cómo todos los liderazgos consolidados y no consolidados disputen espacios. No es la disputa por el espacio en la Asamblea Nacional Constituyente, es la disputa por cuál será el rumbo que asumirá el Chavismo en adelante.

En un contexto donde las amenazas imperialistas arrecian, pareciera que una discusión de esta naturaleza no es oportuna. Hoy pareciera que lo único válido es avanzar con disciplina y cálculo en lo que Gramcsi llamó una “guerra de posiciones”. Lo que más importa hoy es garantizar la mayor cantidad de participación electoral que abone en la legitimidad de la elección y permita ofrecer un mensaje al mundo: el gobierno bolivariano y el presidente Nicolás Maduro cuenta con un pueblo que lo respalda, y no es una minoría social. Es una operación para lograr la visibilidad mundial de ese pueblo.

Sin embargo, luego de la tormenta quedan sobrevivientes y es con éstos que se reconstruirá el país, la institucionalidad, las formas del poder. Pensando en ese momento, la discusión sobre la pluralidad de chavismos en la Asamblea Nacional Constituyente se vuelve un asunto relevante. Porque será en el marco de esa heterogeneidad que se logrará imponer una agenda cercana o lejana  sino a la radicalización del programa bolivariano, por lo menos ofrecerá tiempo para su mínimo desarrollo. Es justamente esta pluralidad la que dará ocasión a tensiones refundantes de la República toda vez que empuje a un debate real sobre las líneas de consenso en torno al modelo de desarrollo que la regirá.

Desde ya se observa como algunos sectores comienzan a poner sobre la mesa una agenda clara de reversión de algunas apuestas de Chávez, por ejemplo, la revisión de expropiaciones. Otros, sobre todo los sectores más burocratizados, parecen conformarse con blindar el Estado social de las Misiones, consolidar y optimizar un Estado de Bienestar a través del código QR. Otros, los más sectoriales, avanzar en la agenda de los derechos de las minorías. Sin embargo, queda un trecho amplio entre a la consolidación de un Estado Social y avanzar hacia un Estado Socialista con poder económico real, basado en un modelo de desarrollo territorial anclado a auto-gobiernos territoriales de fuerte anclaje organizativo local, con múltiples formas de propiedad y alto desarrollo de enclaves productivos.

Varios movimientos sociales y populares de Venezuela lo tuvieron claro desde la primera vez que el Presidente Nicolás Maduro convocara a la ANC: participar para disputar espacios y programa a la burocracia y a los conservadores rojos. Pero para lograr esto, este Chavismo debía diferenciarse, ser un Chavismo Bravío. Se llaman Plataforma Popular Constituyente. Nunca antes se habían planteado la disputa electoral, pero la ANC ha sido la oportunidad para plantearse una disputa de este orden y más allá comenzar un proceso de articulación nacional y acumulación de fuerzas sociales que comulgan en formas de acción política, programas, trayectorias de militancia social marcadas por la autonomía y desde allí disputar la asimilación subordinada de los lógicas burocratistas. Y esto es fundamental porque la ANC está retando a los sectores populares organizados bajo lógicas autónomas a asumir papeles protagónicos en la discusión sobre cómo fortalecer y conducir un proyecto de Estado nacional en Venezuela para los años que están por venir.

El Chavismo Bravío, es un chavismo molesto, arrecho, ante las circunstancias; consciente de los errores y contradicciones en la conducción del proceso, pero no está de brazos caídos. Ha decidido ponerle el pecho a las circunstancias y salir a pelear bajo las adversas condiciones que existen. ­Así entiende la Constituyente:

Hoy nos parece que cada sector nuevamente tensionara para que la constituyente sea lo que aspiran: la burocracia lo hará un proceso muerto con participación cooptada para eternizarse, los más autoritarios apostaran a que sea una vía para desconocer a los otros poderes, los más corruptos los verán como una manera de ganar tiempo pero para nosotras y nosotros lo central es conec­tar con lo que el chavismo de a pie quiere de esto, cómo hacemos de éste un proceso constituyente que refleje lo que queremos del futuro, que ponga al país del 99, del 2002, del 2004, del 2017 a debatir sobre los grandes temas que nos afectan a todas y todos.

Aquí lo único con lo que habría que interpelar al Chavismo Bravío es sí el proyecto de Estado que defiende es un proyecto que logrará ofrecer un modelo que cristalice soluciones a las demandas ideológicas, políticas y económicas de la sociedad venezolana hoy. Si ese proyecto de Estado anclado en el modelo comunal, finalmente hoy tiene condiciones para disputarle legitimidad, hegemonía, al Estado de Bienestar “humanista” del reformismo como lo único posible o tendrá oportunidad de moverse para ofrecer nuevas condiciones para avanzar. Creo que este Chavismo es bravío porque no se resigna a un Estado liberal humano, este chavismo quiere hacer la revolución. Este domingo se inaugura en desafíos de nuevo talante en esta dirección. Esto apenas comienza.


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8 ideas políticas de un chavista de corazón hoy

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  1. La auto-censura

Muy al contrario de como nos califica la derecha más despectiva -focas “adoctrinadas” que aplauden todo lo que dicen y hacen nuestros dirigentes-, un chavista de corazón es de los sujetos más irreverentes, críticos, agudos e inconformes con las contradicciones y errores que se suscitan mientras se desarrolla la Revolución. Sin embargo, jamás abriría la boca para ser útil a sus opresores, jamás se prestaría para servir a su verdugo de clase. De allí que digamos que si algo ha logrado la derecha, es la autocensura del chavista de corazón.

La autocensura se suscita porque muchos preferimos callar antes que servir a nuestros verdugos y si bien esto puede fortalecernos en un sentido, en otro, condensa una cadena de malestares que el chavismo debe canalizar de alguna forma a lo interno de sus fuerzas ¿será la constituyente un instrumento que pueda servir para esto? Lo que sí es cierto es que sino tiene cómo proponer, el chavista de corazón prefiere no criticar y menos cuando la derecha y los apetitos imperialistas respiran en el cuello de la Revolución. Sin embargo, tenemos que preguntarnos, hoy cuando ha pasado tanta agua bajo el puente: ¿auto-censurarnos ha sido nuestra mejor decisión?

  1. Pescar en río revuelto

Porque un chavista de corazón no traiciona a su clase, no tolera a un supuesto “chavismo disidente” que es capaz de defender a la derecha con tal de hacerse del poder. Es el triste papel que ha hecho la Fiscal General de la República que comenzó con tonos institucionalistas, pero luego se entregó a la soberbia y al ego, dilapidando su capital político. En un supuesto negado de asumir el poder, un liderazgo de este tipo seguramente tendrá el mismo destino de Micheletti en Honduras o Temer en Brasil, gobiernos desechables de transición. Gobiernos de condón: se usan y se botan.

  1. No vamos en el mismo saco

Y es que hay un chavismo mayoritario, honrado, que trabaja con mucho esfuerzo, que no sólo no avala, sino que le arrecha sobremanera la corrupción que se cuela en algunas oficinas, empresas y alcabalas del Estado. Y de esto a la mayoría chavista no puede responsabilizarse. Defendemos un proyecto de país y no tenemos el control de todo lo que sucede en el Estado. Aquí los responsables son los encargados de investigar y castigar estos crímenes, y los propios corruptos. La tarea del chavismo de corazón es exigir búsqueda y castigo de estas personas que por demás no deben ser considerados chavistas ni revolucionarios aún lo cuando vociferen. Un chavista de corazón no va en el mismo saco que el corrupto fanfarrón.

  1. Convencer

La lucha revolucionaria no se limita al control de los poderes fácticos: una revolución es fundamentalmente una lucha por la hegemonía política de un pueblo. Las revoluciones sólo son posibles porque la mayoría del pueblo, de la clase trabajadora, está convencida de que es necesario implementar un proyecto específico de transformación nacional. Ganar la revolución es convencer a la mayoría. Sólo con la mayoría será posible conducir a la derecha hacia sendas políticas que permitan dirimir el conflicto de intereses entre clases que implica una Revolución. Legado 1 del Chávez que eligió la senda electoral.

En el caso de que el poder llegara a quedar reducido a un palacio, a un grupo al que se quiere pertenecer, dejará de ser el bien más preciado por sus posibilidades de ser utilizado por tod@s, para pasar incluso a ser la causa de los males de tod@s. Estaríamos echando a las mayorías de la política para quedarnos enredados en una guerra de mafias. Este es el verdadero objetivo de la derecha, que sean pocos los que luchen y detenten el poder. Para el chavista de corazón esto sería una desgracia.  

  1.  Violencia económica

La violencia se manifiesta en las barricadas, en asesinatos selectivos, en linchamientos por razones de odio. Pero hay otra violencia, que se sucede todos los días, que le pesa en los ojos y en el pecho del chavista de corazón cuando va al mercado, a la panadería o a la farmacia. Indignación, rabia y tristeza ante la violencia de precios que cual goteo va horadando no sólo expectativas, sino poder real, el poder del bolsillo del trabajador. Y aunque un chavista de corazón tiene claro que el adversario descubrió en la saña económica contra el pueblo su más eficaz estrategia para quebrarnos, no puede dejar de preguntarse cómo llegamos hasta aquí. Y no hay respuestas simples. Mientras tanto los días pasan y hay que comer.

  1.  Choque de trenes

En este contexto, hay quienes apuestan por un choque de trenes en una actitud irresponsable con la generaciones futuras. Quienes hoy, de lado y lado, dirigen las fuerzas políticas en conflicto parecieran embriagados con el fervor de sus militancias. Cada cual está dispuesto a todo por defender sus espacios y reclamos. Convencidos de que ceder implicará mostrar debilidad y quedar condenado al aniquilamiento político e incluso físico del otro, el juego ha llegado a tales niveles de radicalización que un choque de trenes con enfrentamientos violentos de mayor escala, cada vez está más cerca. Y lo grave de este posible encontronazo es que no se vivirá sólo arriba, sobre todo se vivirá abajo: entre personas que comparten un barrio, un edificio o una calle; que se mirarán como extraños, que no reconocerán humanidad en su vecino  y aceptarán que la muerte del adversario político es necesario para volver a la normalidad. Y un chavista de corazón se pregunta ¿en cuánto tiempo se podrá volver a una normalidad política después de una guerra entre venezolanos? ¿acaso las dirigencias estarán pensando cómo después de un “choque de trenes” será posible reconstruir un nuevo campo político democrático en el país? ¿y la generación de oro, después de tantos esfuerzos por formarla y acompañarla, cómo podrá sobrevivir a una hecatombe política de esta naturaleza? Evitar esta situación es la gran responsabilidad que tienen sobre sus hombros los que dirigen las fuerzas políticas en conflicto en el país. El chavista de corazón espera que encuentren una vía, la más eficaz, la que respete e incluya a tod@s, una que funcione, una que sea sensata, para resolver el conflicto. Y si deja piezas rotas, por lo menos estén completas para volver a pegarse.

  1.  Negociar

En un chavista de corazón, la palabra negociación suena a pacto, a capitulación, a traición. El chavismo tiene muy clara sus opciones, la opción por los pobres, los trabajadores, la mayoría, la soberanía. Pacto implica para el chavismo hipotecar los recursos que garantizarán los derechos a esas mayorías. Negociación podría implicar ceder el poder a élites que no sólo desdeñarán a los pobres, los castigarán por haberse atrevido a luchar por el poder, y este castigo implicará dejarlos sin nada. Además, podría implicar entregar el país ni siquiera a una burguesía nacional, sino entregar el país a extranjeros, vender la tierra que nos da cobijo. Sin embargo, un chavista de corazón sabe que ante las actuales presiones y sobre todo los niveles de violencia y azote económico que vive el pueblo trabajador, el campo de las negociaciones políticas debe abrirse porque una guerra agudizaría estas condiciones y generaría heridas no sólo físicas sino culturales que llevaría décadas sanar. Si las negociaciones son inevitables y ya están comenzando a suceder, se pregunta si la liberación de Leopoldo López fue la mejor decisión. Este paso: 1) podría atenuar el conflicto con el gobierno en tanto distrae a la oposición en sus propios conflictos internos, 2) podría atenuar el asedio internacional, 3) fortalece las corrientes más radicales  de la oposición por el reconocimiento al liderazgo de López que otorga el chavismo con esta decisión, 3) pone a tambalear los argumentos de la Fiscal General y la Asamblea Nacional sobre las irracionalidades del TSJ, exigiéndoles una nueva arremetida para recolocarse en la escena política, 4) confunde a las fuerzas chavistas sobre el sentido de las negociaciones y socava los puentes, ya sentidos, de confianza interna. Las negociaciones apenas comienzan y quizá el diferencial de éstas respecto a otras, es que los voceros de esta negociación tengan la capacidad de explicar, hacer transparente, cada paso, cada decisión, para que no queden solos en la mesa, para que realmente sean voceros del sentir de las fuerzas sociales y políticas que los respaldan.

  1.  La Constituyente

La Constituyente es fundamentalmente el instrumento concreto a través del cual el chavismo demuestra su fuerza, cristaliza sus propuestas de país y podría dirimir sus propias contradicciones internas (ojalá). Los débiles argumentos leguleyos de la derecha para criticar la constituyente no han sido eficaces, la práctica ha sido más contundente. La mayoría se pregunta: ¿cómo y en qué la constituyente va a resolver los problemas reales, concretos y cotidianos que aquejan a la población?. La discusión y propuestas de nuestr@s candidat@s podrían asomar claves para avanzar, aún cuando el contexto pareciera indicar que lo primero será defender lo logrado y resistir. Entretanto, aplaudimos las salidas políticas al conflicto porque repudiamos cualquier expresión de odio y violencia en la cultura política venezolana. Y seguramente saldremos a votar, a pesar de está clar@s que hay una parte importante de la gente que no se ve incluida en la Constituyente, que no le convence. Y sólo quedan 10 días para convencerla. Aún seguimos confiando en nuestras hazañas.