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Flujos políticos del siglo 21

En caliente: Hablando de la Misión Jóvenes de la Patria

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Nosotros asumimos que las líneas gruesas de la Misión Jóvenes de la Patria son un logro de las miles de organizaciones juveniles de base que desde hace años venimos pujando porque en la Venezuela Bolivariana y Chavista se nos escuche, se nos conozca y se nos acompañe en nuestras propuestas. Sin embargo, es preciso señalar algunas interrogantes e inquietudes relacionadas con el enfoque desde el que se concibe la Misión, así como con las formas, el cómo o la metodología a partir de la cual se desarrollará, no a modo de una crítica temprana que no viene a lugar, sino bajo la intensión de contribuir con su perfilamiento.

 1. Entre los seis ámbitos de trabajo y cincuenta y cuatro acciones, destaca el Centro de Estudios para la Juventud, porque aparece como un mecanismo indispensable para agudizar el diseño renovado de una política que está obligada a revisarse permanentemente, sobre todo después de 20 años de haberse realizado la única Encuesta Nacional de Juventud de Venezuela en 1993. Hoy no tenemos conocimiento real (no  opiniones de grupos) sobre las vidas y las racionalidades de los miles de jóvenes que pueblan este país. Sin embargo, debemos recordar que el extinto Instituto Nacional de la Juventud abrió un Centro de Estudios que no fue nada efectivo en esta dirección, habrán miles de razones, pero unas fueron fundamentales: el conocimiento nunca tuvo un lugar prioritario y esto se tradujo en poco presupuesto, reducidos y poco formados equipos de trabajo. Héctor Rodríguez, parece darle un mejor lugar al conocimiento, ha dicho que existen miles de jóvenes investigadores con los que se puede impulsar esta línea, es cierto, el reto será convocarlos y lograr que las investigaciones abiertas logren converger en un espacio común de diseño de un instrumento de indagación potente, donde las preguntas no se respondan así mismas y las opciones de respuesta no se las inventen 4 en una oficina, sino que provengan de estudios cualitativos previos sobre realidades juveniles concretas. Más allá, es indispensable que estos estudios no se centren en estudiar a los jóvenes como sujetos aislados de una realidad amplia, determinada por luchas de clase y condiciones objetivas y culturales de vida, es así que a los jóvenes no importan sólo como motores de cambio, sino que son fundamentales como signos de las transformaciones que vive la sociedad entera.

2. Después saltan al oído tres (3) acciones o “decisiones” como las llamó el Presidente Maduro: 335 estudios de grabación, 24 Casas de la Juventud y miles de Proyectos socio-productivos en torno a la cultura, el turismo, entre otros. Todos éstos espacios e iniciativas pueden convertirse en potentes núcleos de transformación social, sobre todo porque podrían lograr aglutinar a muchos jóvenes diversos en toda la geografía nacional. Sin embargo, tal como ha sucedido con muchos programas sociales, a veces pensamos que con la “dotación” de equipos de producción de música y video, “acondicionamiento” de espacios, “construcción” de canchas o con la “provisión” de medios de producción de cualquier tipo, es decir, con más infraestructura, estaríamos avanzando en la resolución de un problema social. En Tiuna El Fuerte y Miranda será Otro Beta probamos la “construcción” de estudios y este fue un gran avance, pero el verdadero desafío es cómo esta “infraestructura” contribuye a generar integración, aglutinamiento, cohesión social y no lo contrario: fragmentaciones y rivalidades por el acceso a prebendas o el control del capital adquirido (en equipos, en espacios, etc.). De allí que sea necesario pensar: 1) el carácter universal de acceso a la política, es decir, que en base a criterios claros cualquiera pueda acceder a la política, no sólo el pana de alguien en el ministerio; 2) el carácter público de todos los espacios que se proponen, es indispensable que todos comprendamos que un estudio de grabación en un barrio no es del grupito de raperos de la cuadra, es de todo aquel que desee o necesite grabar un micro de audio, una canción o un video pueda hacerlo, y para garantizar esto hay que echar cabeza; 3) pensar cómo estos espacios no quedan aislados en el ámbito estrictamente local, como ha pasado con muchas radios comunitarias, aquí debemos pensar cómo se construyen redes humanas (de gente) en torno a cada uno de los espacios construidos, dotados o acondicionados; esto es cómo lograr que lo que se produce y la gente que produce en un estudio en Maturín llega a Nueva Esparta y de ahí a Caracas y después a Brasil; debe quedar claro que espacios como estos no sólo son para la producción artística, sino que son espacios de comunión, de encuentro, en ese sentido son espacios políticos.

3. Y en el carrito dijo una paisana “Vas a seguir Abigail”: hasta cuándo vamos a seguir viendo a los chamos del barrio que andan en el malandreo o a las chamas de barrio que salen embarazadas, como los pobrecitos: “la población vulnerable”. Esta mirada asistencial de los chamos de barrio es un desenfoque que seguimos reproduciendo en cada política social que generamos con la buena intensión de romper con los techos duros de exclusión social que aún padecemos como Revolución. Justo aquí hay que mirar las cosas al revés. Señalo que persiste una mirada asistencial porque se asume que estos chamos hay que lavarles el cerebro, que se metan en cintura bajo los modos de vida de la clase media y darles un trabajito o una bequita pa’ que dejen “el ocio”. Desenfoque absoluto de las inmensas potencialidades creativas y fuerza propositiva que existen en la juventud barrial, no creo que deba crearse un espacio especial para los “vulnerables”, que quizá se refleja en el ámbito de la “prevención”, creo que aquí se trata de crear una política donde a todos se nos reconozca como iguales, estemos preñaos o no, estemos en el malandreo o estudiando, seamos artistas o “normalitos”: todos vamos pa’ el campamento, todos montamos nuestro taller de “audiovisuales”, “cachapas”, “posada turística” o  “de motos”, todos tenemos una buena idea donde somos buenos; todos sabemos hablar por eso podemos ir pa’ el estudio a grabar un programa de radio o una canción; todos podemos hacer una película como camarógrafos, actores o inventando la historia; todos podemos hacer todo.

Es así que considero que cada ámbito que abra la misión debe levantarse sobre una concepción que nos considere a todos igualmente potentes, creadores, fuertes, batalladores; después, en la práctica, ser tan sólida que sea lo suficientemente flexible para adaptarse a propuestas que quizá no están en el plan inicial, pero que son de carne y hueso porque las parimos al calor de nuestros problemas, de nuestras experiencias, de nuestras capacidades, porque saben a nosotros-pueblo. Al final de los finales, no olvidemos que todas las Misiones de Nuestro Chávez no son otra cosa que formas para hacernos de un Poder, un Poder Popular.

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Autor: Lorena Freitez

Psicóloga Social. Pienso y disputo sentidos comunes. Soy de Venezuela, la tierra de Miranda, Bolívar y Chávez.

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