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Flujos políticos del siglo 21

Ruidos políticos y realidad de los de abajo

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peces-saltarines

Vidrio
En Venezuela presenciamos ruidosos discursos en torno a la situación nacional que se nutren de un espectro amplio de mediadores, traductores y representantes de las voces del pueblo o de los ciudadanos que van desde encuestadoras, expertos, dirigentes y funcionarios, los cuales si bien dan el todo por el todo en la producción de sentidos que orienten nuestras expectativas de futuro, su insistencia en hablarse a sí mismos, sólo entre “actores políticos”, “de miliante a militante”, de “enemigo a enemigo”, de “experto a experto”, manejandose con discursos abstractos y heroicistas, abiertamente partidistas y moralizantes o descaradamente pragmáticos y aprovechados, no sólo han reducido las posibilidades de comprensión de lo que pasa, sino que han dejado nuestras opiniones, expectativas y malestares, suspendidos en el aire. Hoy, éstas, nuestras posiciones y opiniones sobre lo que vemos y sentimos, como incendio en la llanura se propagan destructivamente por el ventarrón de dificultades económicas que atravesamos, llevándonos a una despolitización peligrosa, a un temido “hastío por la política” donde sólo resulta triunfador el capital.

Fuego
En una sociedad que viene de vivir al menos una década de re-encatamiento de la política con la adrenalina de esperanzas que nos inyectó el Socialismo Bolivariano, donde los y las ciudadanas nos sentimos útiles, reales protagonistas de nuestro destino, héroes de las transformaciones microsociales de nuestros entornos y piezas importantes de un amplísimo proceso de reversión de las groseras desigualdades que nos gobernaron durante siglos en el mundo, se resiente la eficacia simbólica de una guerra política que, fabricando amenazas bélicas, enredando con leguyerismos internacionales y espectacularizando las acciones seudopolíticas de niños ricos que pretenden reinstalar la dictadura del capital, provoca ruidos y dispersiones que al distraernos de la batalla en lo económico-productivo, interfieren entre las conversaciones populares, ciudadanas, y sus legítimas vocerías públicas, creando abismos de sentido que debilitan los horizontes compartidos y proyectos nacionales suscritos. Hoy cuando los venezolanos y venezolanas pugnamos por soberanía, expresamos fundamentalmente un deseo de autodeterminación donde se vuelve inadmisible tener que poner a depender la comida de nuestros hijos, nuestra movilidad o aseo personal de los caprichos e intereses de los capitalistas nacionales o internacionales.

Arroz
Aquí tenemos de todo, desde los más osados, ya casi despegandose de la realidad, que aseguran que en Venezuela se rompió el pacto social del Chavismo, hasta aquellos que afirman que las amenazas externas no hacen sino consolidar la unidad nacional. De esto último puede haber cierta verdad, toda vez que ningún venezolano quiere ver su pellejo/patria en riesgo de muerte, sin embargo, el adversario calcula que lo que hace arriba, tocándole la cara a nuestro boxeador, abajo se manifieste en orfandad, pensando que o estamos demasiado ocupados rebatiendo las amenazas imperiales o se nos va el tiempo gestionando parches a los sistemas de distribución debilitados antes, caotizados ahora por la guerra, pero no nos dará tiempo de ocuparnos de seguir nutriendo de sentido y concreción al poderoso proyecto de Chávez.

Tierra
Y ese poderoso proyecto que Chávez nos ofreció es al que el pueblo, los ciudadanos, nos aferramos con pasión para pasar el ventarrón sin hastiarnos, sin desilusionarnos. El adversario armando una vacua discusión de modelos, busca confundir, pretendiendo sembrar dudas en nuestras firmes elecciones, insinúan que volver al Capitalismo sería solución a nuestros actuales problemas, sin embargo, cuando Chávez sentenció “no se equivoquen, tenemos patria”, anunciaba acertadamente que la sociedad estaba compactada en torno a un proyecto: el Socialismo Bolivariano. Y la Venezuela de los cualquiera no sólo optó por el socialismo por el más ramplón populismo sentimental, sino porque en Venezuela no somos pendejos, si el socialismo fue bálsamo a nuestros sufrimientos de siglos y nos hizo reconocer las miles de formas y espacios a través de los cuales poder ejercer poder, no lo dejaremos ir, iremos por más.

Mecha
Hoy los venezolanos no dudamos, queremos ver el socialismo florecer, no sólo porque hasta ahora ha sido una vía eficaz para restituir igualdades, distribuyendo con márgenes de equidad ingresos petroleros y seguridades materiales, sino y sobretodo porque el Chavismo logró convencernos de que sería la vía más potente para generar transformaciones estructurales de nuestros demonios y miserias políticas: lograr destrozar las cadenas del rentismo político y sus consecuencias económicas. Y es que el pueblo observa que mucha de la dependencia económica-productiva que frustra nuestra soberanía si bien es asunto de la guerra, también se alimenta de poderes fácticos antipatriotas que se cuelan en esferas internas de decisión y caotizan procesos importantes del flujo productivo que nos conducirá a la independencia total.

Rayo
Para los siervos del capital, para los funcionarios del rentismo político o para los servidores del Socialismo Bolivariano, el pueblo productor, el de abajo, que está radicalmente decidido a superar todas nuestras taras y miserias políticas, no se distrae. Que quede claro, que el socialismo está sembrado, lo estamos regando y aguantaremos ventarrones, huracanes y tsunamis, pero exigimos que la guerra se asuma total: no sólo con parches logísticos, no sólo golpeando arriba al bluff imperial, sino sobretodo destrozando los poderes fácticos que, silenciosos y antipolíticos, están pescando en río revuelto, sacando provecho personal de nuestras luchas de siglos y enlodando el sustrato ético de la cultura que hoy gobierna nuestra cotidianidad.

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Autor: Lorena Freitez

Psicóloga Social. Pienso y disputo sentidos comunes. Soy de Venezuela, la tierra de Miranda, Bolívar y Chávez.

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