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Flujos políticos del siglo 21


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¿Muere la “nueva derecha” en Venezuela? Sentencias de las elecciones regionales

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Casi resulta inexplicable cómo el Chavismo ha logrado controlar casi el 80% del poder político territorial en Venezuela. Más allá del discurso heroico, las celebraciones y el reconocimiento a los esfuerzos electorales del Chavismo. Más allá de las lecciones democráticas que Venezuela volvió a dar al mundo y el abierto rechazo a la violencia política que intentó imponer la derecha en el país, es necesario explicar cómo, en un país con una crisis económica tan acuciante y con un gobierno con 17 años -de aciertos y errores- en el poder, las fuerzas políticas que gobiernan conquistan 17[1] de las 23 gobernaciones de Venezuela en una contienda que gozó de un 64,1% de participación electoral (más de 10 millones de votos).

Es un resultado inesperado hasta para el propio Chavismo y sólo es explicable por el colapso de una estrategia donde la derecha combinó tácticas electorales y tácticas violentas, casi simultáneamente, durante toda una década. Este desempeño político de tácticas contrapuestas que se anulan mutuamente -dilapidando cada avance electoral con la imposición de la violencia-, puede atribuirse, entre otras, a dos razones: 1) la imposibilidad de consensuar un liderazgo sólido en la oposición que sostuviera el rumbo de la estrategia a implementar en el mediano plazo, y 2) la intervención –casi saboteo- de Estados Unidos en la consolidación de liderazgos nacionalistas y su empeño en favorecer fuerzas que optasen por vías no electorales para sacar al chavismo, a efectos de aniquilar sus posibilidades políticas ante una hipotética salida del poder. Sin embargo, lo que las elecciones regionales sentenciaron fue que este patrón de acción política ha entrado en crisis, mostrándose el desenlace fatídico de las tensiones  internas de la oposición venezolana.

Más que el rechazo a los resultados, lo que destaca de la intervención del vocero de la oposición una hora después del boletín electoral (Gerardo Blayde), fue la solicitud -casi con tono de súplica y al tiempo exigencia de sensatez- que hiciera a todas las fuerzas políticas de la MUD (Mesa de la Unidad Democrática) a finalmente sentarse a lograr la “verdadera unidad”. La oposición venezolana ha tocado fondo y seguramente se verá exigida de introducir cambios radicales en el orden táctico y estratégico para poder sobrevivir. Es muy probable que la MUD haya llegado a su final.

Estos cambios exigirán por ejemplo un recambio del liderazgo de la “nueva derecha” representada en los partidos Primero Justicia y Voluntad Popular, y quizá también cambios en las maneras de trabajar: discursos, argumentos, performances, construcción de base, territorios a disputar. Ante este escenario, Acción Democrática (AD) saca la cabeza con el triunfo en 4 de las 5 gobernaciones que ganó la oposición, y esto es significativo porque pese al desprestigio al que los condenó Chávez, no sólo es el partido que hegemonizó el poder político durante largos períodos en el siglo XX en Venezuela -pasando de ser un partido popular a formar gobiernos de pacto y abanderar ajustes neoliberales-, sino que es el partido que con más fuerza esculpió la cultura política moderna venezolana.

Por la vía de los hechos, Acción Democrática muestra aciertos al rechazar hábilmente la violencia del primer semestre de 2017 y al mantener abierta su táctica histórica de trabajo territorial, para resurgir como el nuevo líder de la derecha. El Chavismo lo sabe y lo deja claro, es por esto que Nicolás Maduro en su alocución posterior a los resultados electorales, bautizó como el próximo candidato presidencial de la oposición a Henry Ramos Allup, el presidente de Acción Democrática.

Y es que mientras la derecha se levanta del lodo, para el Chavismo representa un problema político no contar con una oposición en condiciones de ingresar a la cancha de juego. Es por esto que ya le coloca nombre al liderazgo que representará su contrapeso político. Con una presión internacional tan intensa acusándole de dictadura y una crisis económica que ha condenado a la indefensión a los ciudadanos, son necesarias dos cosas: mantener vivo el juego democrático y diversificar los focos de la diatriba política. Hoy el Chavismo ha triunfado en la arena política, toma oxígeno. En el país, muchos se preguntan ¿para qué? Nicolás Maduro ha respondido “para la recuperación económica”. Todos esperamos por ello, mientras tanto el Chavismo da un mensaje contundente: las estrategias “soft” tipo Macri o los golpes tipo Temer no son eficaces en Venezuela. Nos preguntamos ¿implicará esto un retorno a los cimientos de la vieja política de las derechas venezolanas del siglo XX? Veremos.

[1] Los resultados del estado Bolívar, aún están por definirse.

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Las disputas por el chavismo: la constituyente y el Chavismo Bravío

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El legado de Chávez es un gran botín simbólico, una idea potente, una ética, una estética, una forma de gobernar, una cultura. Y justo por eso su fuerza tiene un potencial de grandes proporciones: con esa idea podemos hacer y es gracias a esa idea que podemos pensar en un futuro alterno a la miseria y desolación que ofrecen las ideas capitalistas. Pero Chávez no sólo legó ideas, legó poder real, aparatos políticos, recursos, fuerzas operativas que desarrollan esa idea en una dirección o en otra.

El uso que se haga de toda esa fuerza simbólica y operativa legada por Chávez acabará o multiplicará este botín. En torno a si acabamos o multiplicamos el legado – Chávez se gesta el más decisivo conflicto a lo interno de las fuerzas y sujetos que componen el chavismo y hacia fuera, con sus adversarios políticos y de clase: ¿quién se queda con el Chavismo? ¿qué del chavismo se queda? Y dependiendo de lo que quede ¿cómo esto transformará la sociedad venezolana?

El Chavismo se lo quieren quedar todos. El “Chavismo disidente” por un lado, por otro la cooptación de la Fiscal General de la República y su discurso chavista por parte de la derecha, y la centralidad de una agenda de “justicia social” y combate a la pobreza del “Acuerdo de Gobernabilidad” de la MUD, no hablan sino de la necesidad de cualquier fuerza de beber del legado Chávez para poder sobrevivir en un país cuya subjetividad política está profundamente marcada por sus ideas. En el frente interno, las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se abren como el escenario medular de las disputas por el Chavismo.

La no participación de fuerzas adversas al Chavismo en esta contienda, configura un dispositivo político que permitirá definir por la vía de los hechos la dirección del Chavismo por algunos años. De allí, que veamos cómo todos los liderazgos consolidados y no consolidados disputen espacios. No es la disputa por el espacio en la Asamblea Nacional Constituyente, es la disputa por cuál será el rumbo que asumirá el Chavismo en adelante.

En un contexto donde las amenazas imperialistas arrecian, pareciera que una discusión de esta naturaleza no es oportuna. Hoy pareciera que lo único válido es avanzar con disciplina y cálculo en lo que Gramcsi llamó una “guerra de posiciones”. Lo que más importa hoy es garantizar la mayor cantidad de participación electoral que abone en la legitimidad de la elección y permita ofrecer un mensaje al mundo: el gobierno bolivariano y el presidente Nicolás Maduro cuenta con un pueblo que lo respalda, y no es una minoría social. Es una operación para lograr la visibilidad mundial de ese pueblo.

Sin embargo, luego de la tormenta quedan sobrevivientes y es con éstos que se reconstruirá el país, la institucionalidad, las formas del poder. Pensando en ese momento, la discusión sobre la pluralidad de chavismos en la Asamblea Nacional Constituyente se vuelve un asunto relevante. Porque será en el marco de esa heterogeneidad que se logrará imponer una agenda cercana o lejana  sino a la radicalización del programa bolivariano, por lo menos ofrecerá tiempo para su mínimo desarrollo. Es justamente esta pluralidad la que dará ocasión a tensiones refundantes de la República toda vez que empuje a un debate real sobre las líneas de consenso en torno al modelo de desarrollo que la regirá.

Desde ya se observa como algunos sectores comienzan a poner sobre la mesa una agenda clara de reversión de algunas apuestas de Chávez, por ejemplo, la revisión de expropiaciones. Otros, sobre todo los sectores más burocratizados, parecen conformarse con blindar el Estado social de las Misiones, consolidar y optimizar un Estado de Bienestar a través del código QR. Otros, los más sectoriales, avanzar en la agenda de los derechos de las minorías. Sin embargo, queda un trecho amplio entre a la consolidación de un Estado Social y avanzar hacia un Estado Socialista con poder económico real, basado en un modelo de desarrollo territorial anclado a auto-gobiernos territoriales de fuerte anclaje organizativo local, con múltiples formas de propiedad y alto desarrollo de enclaves productivos.

Varios movimientos sociales y populares de Venezuela lo tuvieron claro desde la primera vez que el Presidente Nicolás Maduro convocara a la ANC: participar para disputar espacios y programa a la burocracia y a los conservadores rojos. Pero para lograr esto, este Chavismo debía diferenciarse, ser un Chavismo Bravío. Se llaman Plataforma Popular Constituyente. Nunca antes se habían planteado la disputa electoral, pero la ANC ha sido la oportunidad para plantearse una disputa de este orden y más allá comenzar un proceso de articulación nacional y acumulación de fuerzas sociales que comulgan en formas de acción política, programas, trayectorias de militancia social marcadas por la autonomía y desde allí disputar la asimilación subordinada de los lógicas burocratistas. Y esto es fundamental porque la ANC está retando a los sectores populares organizados bajo lógicas autónomas a asumir papeles protagónicos en la discusión sobre cómo fortalecer y conducir un proyecto de Estado nacional en Venezuela para los años que están por venir.

El Chavismo Bravío, es un chavismo molesto, arrecho, ante las circunstancias; consciente de los errores y contradicciones en la conducción del proceso, pero no está de brazos caídos. Ha decidido ponerle el pecho a las circunstancias y salir a pelear bajo las adversas condiciones que existen. ­Así entiende la Constituyente:

Hoy nos parece que cada sector nuevamente tensionara para que la constituyente sea lo que aspiran: la burocracia lo hará un proceso muerto con participación cooptada para eternizarse, los más autoritarios apostaran a que sea una vía para desconocer a los otros poderes, los más corruptos los verán como una manera de ganar tiempo pero para nosotras y nosotros lo central es conec­tar con lo que el chavismo de a pie quiere de esto, cómo hacemos de éste un proceso constituyente que refleje lo que queremos del futuro, que ponga al país del 99, del 2002, del 2004, del 2017 a debatir sobre los grandes temas que nos afectan a todas y todos.

Aquí lo único con lo que habría que interpelar al Chavismo Bravío es sí el proyecto de Estado que defiende es un proyecto que logrará ofrecer un modelo que cristalice soluciones a las demandas ideológicas, políticas y económicas de la sociedad venezolana hoy. Si ese proyecto de Estado anclado en el modelo comunal, finalmente hoy tiene condiciones para disputarle legitimidad, hegemonía, al Estado de Bienestar “humanista” del reformismo como lo único posible o tendrá oportunidad de moverse para ofrecer nuevas condiciones para avanzar. Creo que este Chavismo es bravío porque no se resigna a un Estado liberal humano, este chavismo quiere hacer la revolución. Este domingo se inaugura en desafíos de nuevo talante en esta dirección. Esto apenas comienza.